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VENTAJAS E INCONVENIENTES DE LA MEDIACIÓN

floresmacro ¿Es mejor una mediación que un divorcio de mutuo acuerdo? ¿o contencioso? Depende. Sí parece claro que cuanto antes se afronte el conflicto, de la manera que sea, mejor; que cuanto más se rebaje la intensidad emocional de éste, menor será el grado de sufrimiento de los afectados. Aquí reflexionamos hoy sobre ventajas e inconvenientes de la mediación.
Se trata de una opinión personal, pero creo que cuanto más delicada sea la situación, desde un punto de vista emocional, más ventajas tendrá el proceso de mediación sobre un divorcio de mutuo acuerdo.
Las ventajas a que me refiero son de índole personal, y por esto, no siempre suficientemente valoradas. La  urgente necesidad que ambos miembros de la pareja sienten de cerrar decisiones que van a ordenar la vida futura de la familia no puede discutirse, y prima, en muchas ocasiones, sobre el cuidado que necesitan de que el abordaje de todo lo relacionado con su separación se haga de manera cuidadosa, y sin perder en ningún momento de vista sus respectivas necesidades personales. En una mediación se facilita a las personas  la apropiación responsable de su conflicto y esto casi siempre se traduce en un mejor manejo del mismo. Estamos ya hablando de una ventaja personal importante; además, desde el primer momento los mediados están en contacto con la intención que les ha conducido a elegir este proceso. Una mediación requiere la adopción de actitudes y el manejo de una serie de situaciones, que conduce en todo momento el mediador, y que son las que facilitarán el tránsito por el camino doloroso que generalmente supone el reconocimiento la situación, y de sus causas,  que, de manera específica, en el caso de las parejas,  lleva aparejados múltiples sentimientos y emociones difíciles; fracaso, pérdida, abandono, y rabia y tristeza.
A las que estamos considerando aquí ventajas de tipo personal, habrá quien oponga, no sin razón, que un tratamiento más aséptico por parte de un profesional que maneja conocimientos técnicos sobre cuestiones que no quedan en manos de la pareja, de alguien que otorga confianza para decidir (partiendo de sus opiniones y consejos), es mejor, porque “enfría” una situación de por sí, en general, candente y delicada. Además, muchas personas, abrumadas por los sentimientos dolorosos a que antes me refería, se sienten incapaces de participar de manera activa en la toma de decisiones que atañen a su futuro, aun con la ayuda de un mediador.  Bien, en estos casos, ésta puede ser una ventaja, frente a un proceso de mediación. No obstante, no puedo evitar reflejar aquí que, generalmente, más tarde aparecerá la necesidad de atender a las cuestiones de tipo personal, que han quedado “sofocadas” y que en un proceso de mediación, de manera natural –si no, no estaríamos hablando de ello- tienen un papel relevante, y deben ser atendidas con delicadeza y cercanía.
La gran ventaja inherente a un proceso de mediación es el alto grado de cumplimiento de los acuerdos alcanzados. Lógicamente, a mayor grado de implicación en la elaboración de acuerdos,  mayor motivación para su cumplimiento. No deja de ser una observación un tanto general, de todos modos, habrá excepciones, personas, que, desde una posición natural de respeto a las instituciones, o a la Autoridad, estén más predispuestas a cumplir con acuerdos procedentes del exterior.
Y otra ventaja más; el colapso de la Administración de Justicia, la judicialización de todo lo que guarda relación con una familia cuyos padres están divorciados está adquiriendo unos tintes preocupantes. La Justicia no resuelve eficazmente (no puede hacerlo) de manera rápida y proporcionando orden y equilibrio a las familias en conflicto, sus problemas. Debería ser el último recurso. El retraso en la tramitación de expedientes, la necesaria rapidez con que éstos, una vez llegado su turno, se valoran, la falta de medios, pese al enorme esfuerzo realizado por Jueces y personal de los Juzgados de Familia, así como los también colapsados gabinetes psicosociales, ponen de manifiesto que esta solución, por muy bienintencionada que sea, no ayuda de manera satisfactoria a las parejas y a sus hijos a encarar su futuro sobre bases de reconocimiento mutuo, y, lo que es más importante, con la fuerza que les da conocerse capaces de acordar, por sí, los problemas que se planteen en el futuro.

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