EL VALOR DE LAS HISTORIAS

DIGMA1.jpgTodos, a nivel individual o de grupo, intercambiamos información. Incluso no darla, y hasta negarla, supone estar haciéndolo. Sabemos que las personas comunicamos y explicamos nuestra vida, y lo que pasa en ella, a través de historias que contamos (o no), y que muchas veces, estas son como generadores de las emociones que experimentamos como nuestra realidad. A veces somos héroes, a veces una birria, nos comportamos de una forma ética o lo contrario, nos gustamos o no; y los otros también tienen su papel en nuestras historias, una mezcla de lo que hacen (o no) y en muy buena medida, del rol que nosotros, a  veces sin darnos cuenta, les hemos ido asignando; ese rol que tiene la atribución de valores, o de lo contrario. Por eso me parece tan importante profundizar en el uso de las narrativas, en primer lugar, para nosotros mismos. Qué bueno es tener a mano a alguien que nos escuche con cariño, o desde la aceptación, y nos haga ver, incluso nos confronte. En nuestra vida, en primer lugar. Qué bueno es sacar afuera nuestras historias, y ya hablando de mediación, esta perdería todo el sentido si no buscara, ante todo, eso: ayudar a dar luz a todo eso, que pueda verse. Solo así se podrán volver a leer (mejor dicho, a escribir) desde perspectivas más abiertas, más atentas a los demás, y a sus puntos de vista (que, para bien o para mal) son lo que hay. Sin realidad no hacemos nada. Ni con nosotros, ni con los otros. Todo esto, leyendo a Aleix Ripol-Millet, me viene a la cabeza. Hacía tiempo que no escribía, hola de nuevo.

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