LA FALACIA DE UNA MEDIACIÓN FALLIDA

A veces una mediación no concluye con un acuerdo; ¿Significa esto que el proceso de mediación ha fracasado?
Sobre esta cuestión el prestigioso CEDR tiene publicadas a finales de agosto unas interesantísimas reflexiones, que no me resisto a compartir aquí, recordando algunos de los asuntos en los que he mediado, y no ha sido posible firmar un acuerdo como cierre de la mediación.
Coincido plenamente en que los clientes que acuden a una mediación suelen poner de manifiesto, desde el primer momento, su preocupación acerca de las posibilidades de éxito del proceso, que se traduce en preguntas muy concretas acerca de esta cuestión en la sesión inicial. No sin advertir acerca de su protagonismo acerca de este asunto, sí es bueno contarles algunas ventajas añadidas que, con independencia de la obtención de un acuerdo (que en última instancia, dependerá de ellos), el propio proceso les va a dar:
La primera es la creación de un espacio al que las partes acuden, que lleva implícita la posibilidad de ser escuchados por el otro. Incluso en el caso de que no se obtuviera un acuerdo final, no olvidemos que para los mediados es esencial contar su historia, su versión. Dirigirse a la otra parte para hacerlo no es fácil sin ayuda, y no olvidemos que, cuando acuden, sí suele haber (salvo excepciones) ya una sensación de fracaso, o al menos de incapacidad de comunicarse. No importa qué tipo de asunto estemos mediando, cada parte va a experimentar emociones incómodas, que son causa y consecuencia del conflicto: rabia, miedo, arrepentimiento, envidia, preocupación por el futuro … La mediación es un espacio seguro para que esas emociones sean expresadas, y contenidas. El mediador, como canal de comunicación que es, ha de facilitar que así sea. Dependiendo de en qué escuela se base, el abordaje de estas será distinto, pero siempre van a ser atendidas. ¡Cuántas veces, tras una mediación sin acuerdo, y sobre la base de lo trabajado, las partes, que han obtenido una aproximación mucho más emocional a su conflicto, continúan una negociación y alcanzan un acuerdo posterior!
En segundo lugar, la mediación proporciona a las partes y, en su caso, a sus abogados, una aproximación mucho más realista al conflicto. La posición inicial, tan inherente a la condición humana, de dar vueltas, de fortalecer el discurso que nos avala, que nos hace “cargarnos de razón” y el miedo a que en éste haya debilidades, impide esta visión. El mediador puede ayudar a que las partes vean lo que les cuesta ver, y valoren el riesgo de no llegar a acuerdos. Una vez más, aún en una mediación que no se cierra con acuerdo, las partes y sus abogados, que se llevarán consigo un equivalente a un análisis DAFO, estarán mucho más abiertos, siquiera sea a valorar los riesgos de mantener la situación, o iniciar otro tipo de acciones, que el que antes tenían.
Como señala Nikola White, las partes, incluso si la mediación ha resultado “fallida”, habrán tenido la oportunidad de ver tanto la fotografía grande, como la pequeña de su conflicto. La grande es una revisión estratégica mucho más global de este. La pequeña es que la mediación ayuda a las partes a ver, a sentir la posibilidad y el interés de reducir las cuestiones que les separan. Al llegar, el problema parece tan grande, que “los árboles no dejan ver el bosque”. Un mediador experto puede ayudar a las partes a identificar las cuestiones reales que integran el conflicto. los acuerdos “post mediación” (que, como ya he dicho, son frecuentes, y de los que también hay que hablar) se basan, al menos en mi experiencia, en una consecuencia natural de la mediación: una percepción mucho más clara de los intereses, necesidades y razones de la otra parte.
Y además, muchas veces, las partes necesitan tiempo para procesar lo visto en el proceso de mediación, antes de plasmar un acuerdo.
Si todo lo anterior sucede (y sucede, es real) ¿son realmente “fallidas” las mediaciones que no concluyen con un acuerdo? Desde luego que no.

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