Patrones de conflicto (I)

La tipología de conflictos ha sido objeto de numerosos análisis, por diferentes autores, y en relación con distintos criterios.
Existen teorías que atribuyen a la categorización de conflictos, o su estereotipación, consecuencias de fijeza, rigidez, y repetición; no sin reconocer este riesgo, lo cierto es que la aproximación a clasificaciones realizadas por expertos, puede orientar en un proceso de mediación. Por ello, vamos a analizar algunos de los tipos de conflicto a los que se refiere Josep Redorta en su libro “Cómo analizar los conflictos”, Ed. Paidós Ibérica, S.A., 2007.

Conflicto de recursos escasos
El concepto de “recurso escaso” aúna, en principio, necesidad y escasez, pero no siempre, como veremos. La idea de escasez tiene efectos psicológicos sobre el deseo y la motivación. Produce un efecto en su apreciación destacar que determinado producto es escaso. Existe una asociación entre la propia percepción de la imposibilidad de acceder a un bien, con la de pérdida de libertad, y la reacción es un aumento del deseo de disponer del producto prohibido.
Este fenómeno, además, contagia a la propia información sobre el bien. La información, cuanto más restringida y confidencial, más persuasiva resulta.
El poder motivante de la escasez es grande, y su máxima capacidad de incidencia se sitúa en torno a los dos años de edad, y en la adolescencia.
Los conflictos de recursos escasos tienden a vincularse a procesos de competición, y, por lo tanto, a derivar en conflictos de poder. Aquí aparece la clásica y típica asociación entre los conceptos de competición y de cooperación; por difícil que resulte, en un conflicto de recursos escasos (muy frecuente en una mediación familiar) no puede perderse de vista la interdependencia de objetivos de las partes implicadas; si éstos pueden conseguirse de manera satisfactoria para ambas partes, se configurará un proceso de cooperación, de otro modo, el resultado será de clara competición.

Conflicto de protección de autoestima
“Discutimos porque mi orgullo personal se siente herido”.
El concepto de “protección de la autoestima” tiene que ver con las conductas que, en un conflicto, utilizan las partes ante una situación vivida como amenazante para su orgullo. Son esenciales el autoconcepto, que constituye la raíz de la autoestima, y la realización de procesos comparativos con los demás, que nos hacen construir la idea que tenemos de nosotros mismos, de lo que valemos, de lo que merecemos.
La aparición de insultos, agresiones verbales, faltas de respeto, pretenden atacar la autoestima del otro. A veces las expresiones de desvalor se manifiestan de forma mucho más sutil, pero igualmente dañina.
Tan importante es este proceso, que, ante la aparición de reacciones violentas o muy violentas conviene que nos preguntemos si no existe algún ataque previo a la autoestima de quien adopta esa actitud.
Mruk, en “Autoestima; investigación, teoría y práctica”, Desclèe de Brouwer, señala una importante herramienta cuando un conflicto participa de esta categoría “el respeto y la atención son formas importantes de acepta al otro en un contexto amable, como también lo son el gusto y la admiración hacia alguien”. No podemos olvidar, por el contrario, que existen muchas maneras de atacar la autoestima, y todas ellas deberán evitarse; actitudes que ignoran, minusvaloran, de abuso, maltrato y abandono.

Seguiremos con otros tipos de conflictos en próximos posts.

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